Teatro medieval

No diario “La Región” do 3 de xuño de 1948, Vicente Risco escribe sobre “Barriga Verde”, neste artigo fai referencia a a un artigo escrito o día anterior neste mesmo diario

Uns días despois, tamén no  diario “La Región”, Vicente Risco volverá sobre o tema, pois considerou que se lle quedaran no tinteiro moitas reflexións sobre este “Teatro Medieval”

Destes artigos e doutros seguiremos falando en próximas entradas deste blog “Biblioteca Marioneta”, no que xa temos tratado esta relación de Vicente Risco co “Barriga Verde”  en anteriores ocasións

Transcrición do artigo publicado o 3 de xuño de 1948:

TEATRO MEDIEVAL

Leído el articulejo de ayer, aquí sobre el “Barriga Verde”, para todos los gustos , según nos dicen, hubo, aunque los más -porque todavía no se ha perdido el gusto por las cosas buenas ni el sentimiento de la gracia, por más que las más de las veces lo parezca- aunque los más decimos, concordes estaban en que eso debía ser cosa buena, de mucha risa, de bienestar placentero.

Yo solo sé que pocos ratos más agradables, de mayor gozo, de más risa en mi vida pasé y eso que mis años tengo y mis cosas, como cada quisque en el escenario, en la pista, en la pantalla, en la vieja alfombra extendida en la calle, vi. Eso del “Barriga Verde” merecía unos versos del Arcipreste de Hita, una prosa de Cervantes: aquellos hombres que tanto se gozaron  “de ver” estos espectáculos callejeros o de barracón y de muchos como nadie escribieron.

Poco moderno hay allí en eso del “Barriga Verde”. Unas pocas experesiones de ahora, sin duda aquello del “Portugés”,  acaso un poco lo del toro. Pero todo lo demás y lo principal es antiguo, antiquísimo, perfectamente medioeval. Los personajes, casi todo el diálogo, todos los lances, la trama, es desenlace, el modo de concebir la vida e ir en ella. Parecemos transportados de pronto y en vivo a lo mejor de los tiempos que más amamos. Perfectamente medioeval eso de andar a palo limpio en todo, eso de los piques o melindres de pundonor, eso de echarlo todo en fieros y amenazas, eso de no pasarle  nada a ningún malandrín, eso de arrebatarse y emprenderla a palos con el mismo Cura preguntón -porque la Edad media es la época de mayor fe pero también, a menudo y sobre todo a las últimas, de mayor anticlericalismo: si bien un anticlericalismo muy distinto de este tan estúpido y tan beatuelo de espejismos y supercherías de la peor invención que todos conocimos-, eso de no arredrarse ante el mismo demonio, eso de disponer brazo y espíritu con muchos “Pater noster” antes de arremeter ante él, y eso de acabar por hundirle, tras fiero batallar en el mismísimo infierno.

Estos espectáculos eran los que hacían las delicias de aquella edad sin par, las delicias del Arcipreste de Hita y de Cervantes, los mayores ingenios y reidores que tuvimos. Eso era lo que antes hacía reír a todos los niños y a todos los hombres de pueblo iletrados, eso lo que desarraigaba el entrecejo de los más graves   varones  de otros tiempos, eso lo que entretenía y era el mayor regocijo de estudiantes y doctores, de reyes y pequeños infantes y sencillas princesas, de profundos teólogos y de grandes decidores. Y ahora ¿qué nos dan para reír?…

Dirán muchos: pero y eso del “Barriga Verde, ¿qué, a los que vimos tanto de buen teatro de  marionetas, y aun de niños, aquí en nuestro mismo Orense, a todos aquellos muñecos, antes cosa de todos los días, que aquellos con su biombo a cuestas, ya detenido en el rincón de la calle y llamados los niños, tras el cortinaje, nos presentaban con fieras baladronadas y en tremendo batallar…? ¿Qué tendrá que ver eso? Eso del guiñol en escenario es ayudado por mucha orquesta, por mucho juego de luces, por mucha tramoya y además con asunto moderno; generalmente, una ópera bufa. Aquello de los monigotes tras el biombo ambulante, muy bueno, pero con una sola escena, sin más asunto, dos a estacazo limpio y nada más. Pero en este del Barriga Verde hay un asunto bastante extenso, hay una trama o intento de ella, hay seis o siete personajes, todo él le componen elementos populares y de viejas edades y puede parecer, aunque no lo sea, un entremés de Quiñones o de Cervantes o un paso de Rueda.

Si hasta en este Barriga Verde hay la misma licencia de lenguaje de la más vieja cepa medioeval y el diálogo es tan rápido, vivo y dramático como podía serlo en el teatro aquel naciente que en la página famosa nos recuerda Cervantes y nos hace ver lo que de él nos queda.

Me contaba ayer un señor.

-Oiga usted. Le dije a mis dos niños de cinco y seis años: Os voy a llevar a ver el “Barriga Verde” y al oir este nombre se echaron a reir.

Estos dos niños de este amigo me parece que han hecho el mayor elogio de este nombre cuya invención acusa un poderoso ingenio y un nacer para la risa que da gloria.

PORT

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