¡Felices ellos! Conto titiriteiro de Rafael Dieste

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“El Ideal Gallego” publicou o conto de Rafael Dieste “¡Felices ellos!” o 24 de febreiro de 1919, tiña Dieste 20 anos, neste conto chámalle títeres aos membros das compañías ambulantes, aos cómicos da legua. entre eles había un  Barriga Verde, deste nome temos falado neste blog referíndonos ao titiriteiro José Silvent ou ben ao moneco protagonista dos espectáculos de títeres representados nas feiras e festas de Galicia na primeira metade do século XX.

Dise neste conto:

-¡Adios Barriga-Verde!

-¡Adiós Culebra!

-¡Adiós Pepín!

-¡Que volvais pronto!

Transcrición do texto completo:

¡FELICES ELLOS!

Brumosa la mañana.

El villorrio despierta.

No de muy buen talante va Juanito a la escuela, con la boina ampulosa declinada, envolviéndose el cuello con la bufanda de volanderos flecos y las manos ocultas en los tibios bolsillos de su corto calzón.

Por su mente aún desfilan persistentes las visiones extrañas de la noche pasada. ¿El volatinero! ¡Como serpenteaba por los aires con su traje vistoso, ceñido y anulado! ¡El payaso! ¡Qué sorprendente con sus ocurrencias, provocadoras de amplias oleadas de sana hilaridad! ¿Y la sonámbula, tan enigmática y pálida?… ¡Qué extraordinario todo, al son de la bohemia murga sentimental!

Cerca ya de la escuela tuvo una triste sorpresa: los títeres hacían las últimas diligencias de la retirada. Las escuálidas mulas impacientes, sacudiendo los locos cascabeles y haciendo chispear a coces los pedruscos, estaban ya enganchadas al enorme y pintarrajeado carromato con su enfático rótulo amarillo: “Compañía de Varietes”. ¡De varietes! ¡Que risa! Bien sabía Juanito que faltaba un acento en la e.

Acercose al grupo de chiquillos que ávidos de curiosidad rodeabal el bohemio carricoche.

Dentro ya se habían instalado las mujeres y los niños. Ellas, muy empolvadas, envueltas en la tibieza y suavidad de boas malos. Los niños, con un fulgor osado en las pupilas. El interior trascendía a perfumes ordinarios. Uno de los bohemios infantiles, camarada de Juanito, preguntole de broma:

-¿Quieres venir con nosotros?

Juanito, silencioso, limitose a sontreir.

El atleta corpulento que rondaba, guardián, la ambulante morada dejó oir su bien timbrada voz de tiple.

-En serio, “chacho”, “¿quiés” venir?

Y alzó a Juanito con sus manazas abultadas y duras.

Juanito, agrandados los ojos por el terror, gritó despavorido:

-¡Mamá! ¡Mamá!…

La palidez invadió al infantil auditorio.

Algunos chicuelos dispersáronse amedrentados.

El atleta mostró los colmillos prorrumpiendo en una sonora carcajada abdominal.

-Tontín, tontín, y acariciando a Juanito con sus manazas abultadas y duras, posólo en el suelo.

Dentro y fuera del vehículo suscitose jubilosa hilaridad. Los chicuelos dispersos volvieron al corro confiados.

Entre la gente menuda reanudáronse los comentarios. Solo Juanito callaba pensativo… Marchaban los títeres radiantes de gloria, exentos del cautiverio del colegio. ¡Libres! Por aquella carretera que conducía al “mundo”. Correrían singulares aventuras, en las cuales portaríanse cual héroes y comentaríanlas luego como buenos amigos mientras el carromato devoraba kilómetros. Visitarían muchos pueblos extraños, traspondrían todos los horizontes, verían lo existente más allá de los montes remotos y pálidos, mas allá de las lejanas revueltas del camino, más allá… más allá…

Oyose el angustioso e interrogante cacareo de un gallo. Respondiole con la misma interrogación otro más lejos, y otro… y otro… en declinante languidez.

Un empellón hizo despertar a Juanito. Eran dos títeres que conducían el último fardo repleto de misterios.

Después de subir y acomodar el fardo, desaparecieron para volver al poco con el resto de la compañía: un viejo de enmarañada barba blanca y ojos húmedos de añoranza, un volatinero mozalbete y un payaso muy melancólico y grave, con la gorra sobre los ojos y las manos en los bolsillos de la zamarra. Pronto tuvo que quitarlas para empuñar las riendas y el látigo.

Momento de expectación.

Toda la compañía estaba ya dentro, incluso un perro tostado, filosófico y tristón: demasiado humano.

A una gran voz del payaso y al restallido del látigo, arrancaron las mulas con resbaladizo pataleo, y luego de una desvencijada oscilación echó a rodar el carromato con estrépito de cascos, bullicioso tintineo y baile de los ocupantes. Todos los chicuelos emprendieron tras él insistente carrera al par que en son de broma daban voces de triste despedida, coreadas por los ladridos de los canes.

-¡Adios Barriga-Verde!

-¡Adiós Culebra!

-¡Adiós Pepín!

-¡Que volvais pronto!

Algunos fuéronse quedando atrás; disminuyó la escolta y finalmente solo Juanito continuó corriendo.

Una idea pugnando por convertirse en acto y luchando con la indecisión hacíale latir con violencia la garganta. ¡Ibanse los bohemios por el camino ondulante que va a lo desconocido! ¡Felices ellos!…

Un momento en que miró atrás, vió allá lejos el penúltimo de la escolta alzando el calzón y limpiando las narices con la manga. Oyó que le gritaba, haciendo una vocina de las manos:

-¡Es la hora de la escue…e…la!

¡La escuela! ¡La cárcel monótona! ¡Iba a ser causa de su desdicha? El coche estaba ya lejos. Las mulas con el frío sentíanse muy ágiles. ¡Se marchaban los títeres… sin él… ¡No! ¡No se irían!

Fué un momento de olvido, de audacia candorosa. Fué un impulso supremo de infantil curiosidad.

-¡Esperarme! ¡Esperarme! -gritó ansioso.

No le oyeron.

Angustiado, hizo señas repetidas con la boina. Los bohemios, tomando por despedida sus señales, agitaron pañuelos. Definitivamente, lo dejaban…

Embobado, Juanito vió  con desaliento como la sombra del carromato, en las lontananzas del camino palidecía esfumándose en la niebla matutina.

¡Ibanse los bohemios por el camino ondulante que va a lo desconocido! ¡Felices ellos!

… … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … .

Rafael DIESTE

El Ideal Gallego 4-2-1919

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