Barriga Verde ¿morriche?… MÁRGENES

Recortes

No diario La Región de 3 de xuño de 1948, no artigo “Teatro Medieval” referíase Vicente Risco a un artigo publicado o día anterior nese mesmo diario. Ao final do artigo escribía:

Me contaba ayer un señor.

-Oiga usted. Le dije a mis dos niños de cinco y seis años: Os voy a llevar a ver el “Barriga Verde” y al oir este nombre se echaron a reir.

Estos dos niños de este amigo me parece que han hecho el mayor elogio de este nombre cuya invención acusa un poderoso ingenio y un nacer para la risa que da gloria”

O artigo en cuestión estaba coa cabeceira “MARGENES”, escrito por Ricardo Outeiriño, seguramente o amigo que cita Risco nesas liñas. Artigo que escribiu tras asistir a unha representación de Barriga Verde en compañía de Vicente Risco, Xaquín Lorenzo e Senén Murias.

Conta Ricardo Outeiriño que o heroe vence a Barriga Verde, o demo, o portugués… cando  noutras representacións refiren outras fontes que é o Barriga Verde o heroe que vence a todos coa axuda do pau. A representación remataba co famoso “morreu o demo, acabouse a peseta”, esta versión pode explicar a expresión “morreu Barriga Verde, acabouse a peseta”, tamén escoitada nalgunhas localidades.

Transcrición do artigo:

MARGENES

“El Barriga Verde”

Un día, hace pocos, oí a mi chico mayor -diez años- un nombre precioso. Era este: “Barriga Verde”. ¿Donde oiste ese nombre? Ah, ¿tú no sabes?… Gachas -por su hermano de siete años- ven, anda: vamos a hacer el “Barriga Verde”. Les oía: Veño enseguidiña, vou pol-o pau. Pim pám, pim pim, pám. Barriga Verde se defendía de la lluvia de palos supuestos como podía hasta que al fin rendía la cabeza y estiraba la pata. “Barriga Verde ¿morriche? ¿morriche Barriga Verde?… Morreu, morreu o Barriga Verde… De qué morreu o Barriga Verde? Morreu, si señor, morreulle de repente…”

Todo esto era bonito, era precioso. Y asi estuvieron mis dos chicos mayores haciendo el Barriga Verde tres o cuatro días sin cansarse. Ellos habían ido a todo lo que hay que ver en la Alameda, y de nada hablaban, como visto todo y olvidado al punto. Pero esto, de Barriga Verde sin duda que les había causado una infinita gracia y no hacían más que representarlo sin fatiga. No es que vean ellos muchos espectáculos sino pocos, pero de los vistos ninguno se les quedó, que yo recuerde, tan persistente y vivaz en su imaginación como este, ni otro alguno les movió con la alegría y tal fuerza a remedarlo tantas veces: ni siquiera juego alguno les hizo reír tanto.

Comencé a interesarme. ¿Qué sería esto del Barriga Verde, que a tal risa movía a los dos niños? Qué sé yo, la de años que no voy a nada, a ningún espectáculo, y eso que durante quince o veinte perdí bien pocos. De vez en cuando echa uno sus cuentas de tantos vistos, y cuán pocos le han hecho reír, y conmovido, aun menos. De niño, en cambio, cuanto reído en los espectáculos en el rincón de la calle, o en centro de la plazoleta, o en el barracón de la feria, antes tan frecuentes y ahora rarísimos. Ahora la gente se divierte y se ríe con otras cosas que a uno aburren o dan grima. Pero ríe un niño, ríen los niños de una cosa, y tened seguro que eso es bueno, que eso tiene gracia, gracia verdadera, chiste infinito, risa inmensa. Lo que no tiene gracia es lo que ríe el infinito vulgo de los mayores, al que hay que hablarle en necio, como dijo el otro, para darle gusto.

Pero los niños, ningún niño ríe lo necio, sino lo que tiene verdadero chiste. Así me dije: esto que rien tanto mis chicos ha de hacerme a mi reír, infinito.

Degusté mi café anteayer, dije a don Vicente Risco, a Joaquín Lorenzo y a Senén Murias:

-Tenemos que ir a ver el Barriga Verde

-¿Que es eso?-Unos muñecos en una barraca de la Alameda, un guiñol que aunque no lo he visto, debe tener infinita gracia porque  mis dos chicos mayores no hacen más que hablar del Barriga Verde y reírse representándolo.

Unánimes: Entonces, tiene eso que ser bueno. Además es precioso eso del Barriga Verde. Es precioso el nombre.

Fuimos. Ya el muñeco movido con un resorte de la puerta tocado por un clonw y de unos platillos por una niña, muy gracioso. Pero dentro los seis o siete que por encima de la cortina van desfilando en un entremés movidísiomo y saladísimo y unos lances en que se parte uno de risa…

El héroe es un héroe medioeval. Tiene que vencer al Barriga Verde, un malandrín, y hasta que perderle un tanto el respeto al cura, tan preguntón sobre la muerte del barriga Verde, y al “Portugués”, de malas mañas y al loro, muy bribón y pendenciero, y al Demonio, rezando antes de embestirle muchos “Pater noster” y después a trancazo limpio, como a los otros y acaba por hundirlo en el infierno. Bastantes de estos monigotes son de vez en cuando en lo más duro de la pelea mal hablados, pero hasta las palabrotas oídas en tal ocasión tienen muchísima gracia, y por otra parte son pocas y no son gordas ni burdas, sino allí simplemente graciosas.

Yo hace muchos años que no me reí tanto. Reventaba de risa. Así durante los diez minutos que la cosa dura. Así cada vez que recuerdo aquello. Lo mismo todos los niños que allí había. Así los más de los mayores.

Amigos míos: ¿quereis reiros como pocas veces en vuestra vida? Pues id a ver y oír al Barriga Verde y sus compañeros, movidos por unos dedos habilísimos y hechos hablar por una lengua muy graciosa.

IMG_0061                                  Boneco movido na porta por un resorte, citado no artigo. Foto Julio Balado

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