O ventrilocuo Fregolín

Fregolin2                                                                                                                       (*)

Fregolín, ventrilocuo madrileño, levou seus monecos por teatros, bares e circos, temos constancia da súa participación no Circo California, sabemos  que actuou en 1952 no espectáculo “Fantasía de estrellas” no que participaba Antonio Molina;  este tivo un espectáculo en 1953 “Así es mi gente” que contaba tamén coa participación do famoso ventrilocuo Fregolín.

Fregolín actuou numerosas veces en Galicia, en marzo 1929 estivo no Café Moderno de Betanzos, en febrero de 1930 figura no Bar Nemesio de Lugo, en setembro de 1939 podemos velo na terraza do Casablanca de Vilagarcía coa cancionista Finita Vidal. (datos tomados de “El Pueblo Gallego”)

O  25 maio 1929 lemos en “El Pueblo Gallego” con motivo da súa actuación no Café Moderno de Lugo:

“En el amplio y elegante salón de este café debutó ayer el prodigioso ventrilocuo “Fregolín”. Fregolín que es pequeño como parece dar a entender su nombre. Pero Fregolín es “grande” como se dice en lenguaje de hoy.

Presentó al “tío Roque” y a “Tito”, e hizo una parodia del picador de toros a cuyo final el público se inflamó de olés.

Hizo hablar un muñeco originalísimo y filagraneó toda su labor en ingenio, acierto y brillantez.

El local del café se hallaba abarrotado, teniendo parte del público que aguantarse de pie.

Al final de la representación el eminente artista escuchó una salva de aplausos.

“Fregolín” saca del estómago toda la gama de voces y garabatea sobre el escenario los más diversos tipos pintorescos que nos llenan de risa y admiración.

No nos extraña por eso la concurrencia al Café Moderno. “Fregolín” es una película sonora. El vitáfono, pero a toda luz.

A partir de hoy, sábado se darán sesiones a las siete y media (especial para familias y niños), y a las diez y media de la noche.”

Chama a atención a expresión “”grande” como se dice en el lenguaje de hoy”, é un artigo do  ano 1929, hoxe en día, ano 2013 é moi común a expresión “grande”  cando un alaba aos seus amigos no facebook.

Tamén chama a atención que faga unha parodia do picador de touros,o tema das touradas foi recurrente nos espectáculos de títeres.

En marzo de 1930 está no Teatro Principal de Ourense, lemos tamén en “El Pueblo Gallego”  o 16 de marzo de 1930:

El Teatro Principal.- Ha sido autorizado el Teatro Principal para dar toda clase de espectáculos en el escenario por haber instalado debidamente el telón metálico.

Ayer ha debutado el ventrilocuo Fregolín, como complemento de programa a la película “El destino de la carne”

En 1934 representou en Viveiro e Ribadeo pasando despois a Asturias, levando o seu espectáculo a Vegadeo, lemos no xornal “Las Riberas del Eo” o 20 de xaneiro de 1934:

“El ventrilocuo Fregolín.- Procedente de Vivero en donde tuvo brillante actuación llegó a Ribadeo con sus muñecos, entre los que destaca el tio Roque, el celebrado y conocido ventrilocuo Fregolín, tan aplaudido por el público ribadense.

Fregolín hizo dos magníficas exhibiciones de su arte en el Bar Mediante, en las que fué muy aplaudido. Esta noche volverá a actuar.

Después irá a Vegadeo para dar algunas representaciones en el Cinema.

Mucho celebramos los éxitos del amigo Fregolín.”

En “La Región” de Ourense, el 25 de marzo de 1951 es entrevistado por Alvarez Alonso en su columna “Sobre la marcha”.

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Transcrición do artigo:

Sobre la marcha

Fregolín, el ventrílocuo

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El “TIO ROQUE”, SU MUÑECO PREDILECTO, HA SIDO CREADO POR EL

Todos nosotros, quien más quien menos, nos hemos tomado una idea un tanto fantástica acerca de los ventrilocuos. Los consideramos como superhombres, desde el momento en que ellos pueden doblar su personalidad y ser “otro” más, en vez de uno solo como cualquier hijo de Adán y Eva. Quizá en esto haya influido mucho alguna que otra novela policíaca de esas de cuatro cuartos que, por indeclinable capricho de la juventud, todos los que hemos adquirido las primeras nociones del silabario nos vimos obligados a tragar a lo largo de varias marchas forzadas tras el desconocido culpable. El ventrilocuo suele aparecer de cuando en cuando, entre esas paparruchas rodeado de una aureola un tanto irreal: es, quizá, uno de los pocos personajes que atraen las simpatías de los detectivómanos.

Este, Fregolín, es ya sumamente conocido del público orensano, año tras año, ha reaparecido con sus muñecos, sobre el tinglado de nuestros cafés y esta año, una vez más, vuelve a hacerlo en el Bilbaina.

-¿Quiere descubrime los secretos de su arte, Frigolín? -le pregunto, entresacándolo del fondo del camerino.

-La ventriloquía no tiene secretos -manifiesta él-. Es algo que nace con uno, lo mismo, lo mismo que el que tiene buena voz. Lo que hace falta después, es educarse para explotar esas cualidades innatas.

El tono de su voz es grueso, procedente de la parte más baja de la laringe. Sin embargo, ofrece claridad, casi nitidez hasta el punto de que se  la puede considerar dentro del grupo de las gratas.

-Aquí -prosigue- aparte del cambio de voz que se hace más o menos costoso, lo que es preciso tener es un gran espíritu artístico y compenetrarse todo lo posible con los muñecos.

-¿Usted lo ha conseguido?

-Al cabo de tantos años, yo creo que sí.

-¿Con cual de sus muñecos se encuentra más identificado?

-Con el que es mi predilecto: el “Tío Roque”. Lo creé al debutar y desde entonces ya no me separé de él.

-¿Cuantas voces ha llegado a dominar usted?

-Hasta la fecha he actuado con siete muñecos distintos y el teléfono: por lo tanto, han sido ocho, aunque, a decir verdad, hubieran podido ser más, pues no me he preocupado de crear otras nuevas.

-¿Es difícil imitar la de mujer?

-Desde luego, lo mismo que la de niño, por el falsete. Tanto es así, que cuando hay exceso de trabajo o me encuentro afónico, tengo que desistir de ellas por no salirme claras.

-¿Qué clase de voces ha “distribuido” entre sus personajes con más suerte?

-No he reparado nunca en eso. Los he creado y he procurado adoptar la voz que me ha parecido más apropiada a su expresión.

-Y esa voz ¿suele hacer el mismo efecto sin los muñecos?

-Eso, desde luego que no. Puede hacerse creer que habla una persona distinta a uno, un tanto alejada del lugar en que se encuentra; pero la sensación de realidad no es tan intensa.

-¿Influye en ser más o menos perfecto la distancia a que se encuentra el oyente?

-Claro que si, puesto que, si está muy próximo, siempre se ve que la voz sale de uno mismo, cuando lo conveniente es que se “vea” salir del muñeco.

-¿Quiere revelarme usted cuál es el verdadero secreto de su profesión?

-No existe secreto alguno. Lo único que hace falta es poseer una gracia natural para el repertorio, que es, desde luego el que mejor llega al público.

-Según eso, el chiste “ventrilocuado” es más efectista ¿no es así?

-Es posible, pues al adaptarse a la expresión del muñeco logra una expresión de espontaneidad que de otra manera no tendría. Ahí es, precisamente, donde se precisa poner más atención para compenetrarse con el muñeco.

-No me irá a decir ahora que es cierto todo eso de la doble personalidad, de la transposición y todas esas cosas que se cuentan de ustedes.

-Pues, créalo o no, es la pura verdad. El ventrilocuo puede identificarse por completo con sus muñecos.

-¿Le ha sucedido a usted alguna vez eso?

-Naturalmente. En varias ocasiones, al estar actuando, he tenido la sensación de que el muñeco me estaba “hablando” de verdad.

-Les tendrá usted mucho cariño  ¿no?

-Como que los he hecho yo mismo. Están como quien dice criados por mi, a fuerza de mucha paciencia y de mucho trabajo. Los cuido mucho, los retoco constantemente, procuro que no les falte un detalle…

-¿Y como se le dio por dedicarse a esto?

-Verá usted. Yo estudiaba perito mecánico. A los 15 años fui a ver a un ventrilocuo que trabajaba en Madrid, de donde soy, y un día, al salir de la función con mis amigos, por broma, intenté hacer lo que había visto en el escenario. Me puse a “ventrilocuar”, y cuál no sería mi sorpresa, cuando observé que mi voz salía igual a la de aquel señor que acababa de dejar. Desde entonces lo abandoné todo para dedicarme de lleno a esto.

-Y digame: en realidad ¿con qué hablan ustedes?

-Con el vientre. Esta es la opinión general y creo que es la verdadera, pues yo nunca me lo he quitado para hablar.

-Qué importa que no se lo haya quitado?

-¡Hombre!  Es como un traje. El que no se lo quita es porque anda con él.

Y yo pienso que tal vez tanga razón.

                                                                           F. ALVAREZ ALONSO

Fregolin1                                                                                                                                       (*)

Fregolin3                                                                                                                        (*)

(*) Fotografías tomadas do xornal “El Mañana”.  Teruel,  21 de marzo de 1931

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